Con consignas de “¡Justicia!” y el sonido de batucadas, miles de mujeres tomaron nuevamente las calles de diversas ciudades del país durante la conmemoración del Día Internacional de la Mujer (8M), para exigir un alto a la violencia de género y justicia para las víctimas de feminicidio.

Entre las manifestantes se encontraba Margarita Castro, de 59 años, quien mostró un tatuaje de la Sirenita en su antebrazo, personaje favorito de su hija Ana Hassel, asesinada en julio de 2024 en el Estado de México. Aunque el responsable fue condenado a 43 años de prisión, Castro asegura que su lucha continúa, ya que la familia del agresor no le permite ver a su nieto de ocho años.

“Nos dijeron que con este gobierno llegaríamos todas, pero no es cierto. Nos faltan nuestras asesinadas”, expresó durante la movilización.

En la Ciudad de México, miles de manifestantes se concentraron sobre el Paseo de la Reforma, donde las calles se llenaron de pancartas, consignas y pañuelos morados, símbolo del movimiento feminista. Como ocurrió en años anteriores, el Palacio Nacional amaneció protegido con vallas metálicas para resguardar el edificio ante posibles protestas.

Las participantes señalaron que las marchas representan un espacio para visibilizar la violencia que enfrentan las mujeres en el país, así como para exigir acciones más contundentes por parte de las autoridades.

Entre las asistentes también se encontraba Araceli, una artista de 26 años, quien cuestionó las medidas de seguridad implementadas en edificios públicos. “¿Dónde están los muros que nos protegen a nosotras?”, comentó mientras sostenía carteles con fotografías de mujeres desaparecidas.

La movilización reunió a colectivos feministas, madres buscadoras de personas desaparecidas, estudiantes, organizaciones civiles y familias que han perdido a sus hijas o hermanas víctimas de feminicidio.

Entre los casos recordados durante la protesta se mencionaron los recientes asesinatos de dos estudiantes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) y el de una madre buscadora en Sinaloa, hechos que han generado indignación en el país.

Para muchas mujeres, la marcha también representa una lucha que atraviesa generaciones. Alina Barojas, de 65 años, recordó que participó en una de sus primeras marchas del 8M durante la década de los ochenta. Hoy vuelve a hacerlo acompañada de su hija y su nieta.

“Este es un grito de amor, pero también de dolor y esperanza. Marchamos para seguir luchando cada día por una vida libre de violencia”, afirmó.


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